Rodalia

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Sólo un niño

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Ramsés gustaba jugar con el barro de la calle. Al principio, su padre, el viejo general, lo permitía, por su breve edad; con el tiempo fue impacientándose, hasta llegar al enfado, pero a Ramsés no le importaba. Había visto con sus jóvenes ojos las más grandiosas pirámides, orgullo del Reino del Nilo, y día tras día se empecinaba en evocarlas en el fango. Sus obras representaban también incansables templos de infinitas escaleras, protegidos celosamente por sus divinidades. Apenas había comenzado su instrucción religiosa, pero tenía una imaginación muy vívida y más real que los enfados de su padre; con estos convivía unas horas al día, y con sus sueños en todo momento, incluso de noche.
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L'escamot

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(publicat a relatsencatala.com)

Sóc jove, però no tant com per no recordar com i quan va començar aquesta llarguíssima guerra. Recordo el catorze d’abril; recordo la modernitat de la nostra societat; recordo fins i tot cada bocada d’aire, cada glop d’aigua, cada bri de vida. Recordo la llibertat, recordo els pares, recordo els amics. Recordo la seva mirada. Recordo haver viscut. I recordo que el país va ser un goig immens de cinc anys; ara en portem quasi quatre de malson, i vés-te’n a saber quants ens en queden, encara.

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El soñador

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También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.

J.L.Borges, El ajedrez

 

Recuerdo muy lejanos los días en que las pesadillas arruinaban mis noches y me hacían implorar la luz del día. Lejanos y confusos, aunque, ¿qué no encuentro confuso hoy en día?
Ensayé innumerables experimentos para alcanzar la paz. Fatuos intentos, vanas esperanzas, pues las pesadillas siempre volvían: una noche huía de unos soldados por escaleras y corredores absurdos, recurrentes hasta la saciedad y el abuso; otra vivía el fallecimiento de un ser entrañable, y contemplaba con ojos ya sin lágrimas su agonía, interminable entierro, insoportable dolor; otras sucedían en una realidad desconocida, donde yo buscaba desesperadamente algo –no recordaba qué- cuya posesión me era necesaria, tal vez vital. Discurrían otros sueños por lugares sin nombre, jamás vislumbrados por otro ser humano, donde en cada rincón –si es que tenían rincones- acechaban las más horribles criaturas. Éstas, totalmente inimaginadas, -ni siquiera por mí, pues nunca las veía-, imbuían pánico con su sólo presentimiento. Y lejos de acostumbrarme a todos aquellos horrores, su certidumbre, su infabilidad de cada noche, los hacía más pavorosos.
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La palabra

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Quiso comenzar a escribir repentinamente, sin otro motivo que el deseo largamente guardado que estalla en la mente. Sin embargo, cuando cogió la pluma se percató de que no tenía palabras. Extrañado, comenzó a explorar su memoria en busca de cualquier rastro de ellas, por muy infantil que fuera. Nada.
Aquel vacío era inexplicable, y le pareció evidente que tendría que reponerlas todas. Y así comenzó a leer como cuando era un chiquillo que devoraba libros a docenas. Su cabeza fue un fluir de vocablos de todo sentido e intención, de colores y objetos, de formas y sentimientos, barajados en todos ellos con sus infinitas combinaciones.
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Facio ut facias

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(publicat a relatsencatala.com)

Si et concentres, pots viatjar a l’altre costat del món en un minut. La imaginació és, de fet, tan pode­rosa, que sovint li atorguem un poder que molts creuen excessiu. Aleshores embogim, però no enyorem en absolut aquella sensatesa que ens condemna a la trista vida real on et mates si saltes d’un setè, o et refusen si et declares a qui estimes. El boig —i que li ho diguen tant com vulguen— és feliç, i la mort li arriba sense esperar-la, com arriba l’alegria —quan arriba— a qui no la busca, i viu plenament en un món dominat per altres.

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Amanece

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Cuando la claridad barrió las estrellas sobre el mar, el viajero llevaba horas despierto, esperándola. Respiró aliviado, pero al momento volvió a mirar la playa con inquietud. Si no amanecía no podría continuar su viaje, no conquistaría el gran desierto, no bañaría sus pies en el Ganges.
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