Deus ex machina
Domingo, 06 de Diciembre de 2009 21:00
pedro
Cuentos
La diosa ocultaba sus pechos bajo el brazo. Un mechón de su interminable cabellera le cubrÃa el pubis. A pesar de su recato, nada en ella denotaba timidez, ni vergüenza por mostrarse desnuda ante el mundo que la veÃa nacer. Samuel jamás habÃa soñado con una escultura tan hermosa. El mármol le conferÃa una apariencia atemporal, eternamente joven, y tan pura como su inmaculada concepción, fruto de los genitales de Urano, arrojados al mar por Crono tras castrarlos. Aunque Samuel no sabÃa eso, cuando encontró aquella escultura de Venus en una galerÃa de segunda quedó cautivo por su belleza.
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La despedida
Lunes, 16 de Noviembre de 2009 16:06
pedro
Cuentos
¿Qué importancia tiene la inmortalidad para quien ya lo ha vivido todo? ¿Qué interés el futuro para quien conoce el porvenir? Recuerdo el entusiasmo de los primeros dÃas, cuando el mundo era nuevo y el hombre aún no hollaba su superficie. Las noches de luna sobre el desierto, y el sol irradiando la nieve en las cumbres. El azor sobre las olas y el antÃlope paciendo. Esas imágenes persisten en mi retina como el cincel minero en lo más profundo de la cantera.
Después vinieron los hijos de Adán, y trajeron tras de sà sus magnÃficas ciudades. Me gustaba observar su actividad desde lejos, con el sol naciente a mis espaldas. Al principio los encontré fascinantes por sus obras: doblegaron al desierto y levantaron torres junto al mar; las bestias les obedecÃan y se sometÃan a ellos. Pero pronto conocà su espÃritu violento, sus guerras y arrogancia sobre la naturaleza. Sus actos me desvelaron su maldad y podredumbre, y su destino incierto, y les odié.
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La entrega
Domingo, 08 de Noviembre de 2009 11:00
pedro
Cuentos
El camión reanudó su marcha sobre la carretera enfangada, mientras los dos ocupantes de la parte trasera se sujetaban en cada curva. -Sigo sin entenderlo del todo –preguntaba el pintor guipuzcoano- ¿cómo se puede pintar el movimiento? -Seguro que alguna vez, de chico, te regalaron una lámina mágica. Ya sabes, las que tienen un pájaro y una jaula vacÃa. Cuando la haces girar, el pájaro parece enjaulado. -Pero tú no me hablas de dos dibujos superpuestos, sino de movimiento, de un ratón que camina, que conduce un barco… -SÃ, es la sucesión de imágenes la que produce la ilusión de movimiento. Nadie mueve los hilos tras el escenario. -Y tu trabajo es pintar. -Dibujar. Dibujo al ratón levantando un pie, adelantándolo un poco, levantándolo un poco más… hasta que da un paso.
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La penitencia
Martes, 14 de Julio de 2009 10:35
pedro
Cuentos
Ese debe ser –pensó Mosén Millán- el potro de Paco el del Molino, que anda, como siempre, suelto por el pueblo. Réquiem por un campesino español Ramón J. Sender
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Mosén Millán cruzó la plaza de la iglesia arrastrando los pies. De la fuente, inaugurada poco antes de la guerra, seguÃa sin brotar agua, y el nuevo ayuntamiento aún no habÃa restituido a la santa Magdalena, derribada del pórtico por los milicianos. Todo en el pueblo evocaba la guerra. Cada marca de proyectil, cada casa en ruinas, cada puerta cerrada, era un grito callado.
El sacerdote caminaba mirando al suelo, para no ver la fuente seca, ni la santa mutilada. Con un crujido abrió la hoja derecha del portón, entornándola tras su paso. Asà dormitarÃa en el confesonario hasta que el chirrido de los goznes le advirtiera de la llegada de algún fiel.
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La última lección
Sábado, 20 de Abril de 2002 14:04
pedro
Cuentos
José Vicente habÃa sido maestro de escuela hasta donde su memoria, que era larga, alcanzaba. HabÃa sido destinado a un pueblo perdido en la selva y habÃa rechazado otros destinos cuando se le habÃan presentado, por lo que su vida habÃa discurrido tranquilamente. Sin embargo, él jamás hubiera considerado monótonos sus dÃas; aunque aparentemente iguales, cada uno de ellos habÃa sido enriquecido de forma diferente, por la sonrisa cómplice de un alumno, por la fascinación de la clase ante la revelación de un fenómeno natural.
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Sólo un niño
Domingo, 11 de Agosto de 2002 17:28
pedro
Cuentos
Ramsés gustaba jugar con el barro de la calle. Al principio, su padre, el viejo general, lo permitÃa, por su breve edad; con el tiempo fue impacientándose, hasta llegar al enfado, pero a Ramsés no le importaba. HabÃa visto con sus jóvenes ojos las más grandiosas pirámides, orgullo del Reino del Nilo, y dÃa tras dÃa se empecinaba en evocarlas en el fango. Sus obras representaban también incansables templos de infinitas escaleras, protegidos celosamente por sus divinidades. Apenas habÃa comenzado su instrucción religiosa, pero tenÃa una imaginación muy vÃvida y más real que los enfados de su padre; con estos convivÃa unas horas al dÃa, y con sus sueños en todo momento, incluso de noche.
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