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Momentos históricos

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En uno de mis cambios de domicilio, dejé atrás –creo que regalé- una edición de bolsillo de La Náusea, de Sastre. Entre las páginas de aquel libro, la antigua amante del protagonista confesaba su pasión por los “momentos históricos”. Al no tener ya aquel libro entre mis manos me resulta imposible confirmar el término, pero “momentos históricos” es lo más certero que puedo recordar ahora.

“Momentos históricos”, para aquella francesa, eran aquellos momentos de la vida que parecían sacados de la historia. Como una lámina de la enciclopedia en la que Cristóbal Colón desembarcaba en las indias. Pendón en mano, fraile babor izquierda y soldado a estribor, uno bendiciendo y otro clavando la espada en la arena nunca más virgen. Eso era un “momento histórico”: un instante en el que todo conspira con un acontecimiento, personajes posando para una foto, palmeras inclinándose ante la historia.
La amante francesa de la Náusea creía que el objetivo de toda vida digna debían ser los “momentos históricos”. Así pues, cuando despechaba a su amante buscaba aparecer en algún volumen de la enciclopedia británica, y se desesperaba ante la patética naturalidad de éste, tan poco fotogénica.
Sin embargo, somos algo más que patetismo e insignificancia? De hecho, creo que todos mis momentos históricos han sido un insulto a esas palabras.
Allá por el 2001, un informático entró en mi despacho a las siete y media de la mañana. Se quejó del madrugón, de la carga de trabajo que soportábamos los pringados mientras nuestros respectivos jefes entrarían hora y media más tarde. Tres meses más tarde yo estaba viviendo en Costa Rica.
Por allí pasé momentos muy intensos, pero año y medio después, sentado en una bicicleta, mientras pensaba quién sabe en qué, caí en la cuenta de que había hecho todo lo que quería hacer. He aquí mi segundo momento histórico. Un mes después estaba de vuelta en casa.
La verdad es que los “momentos históricos” no son ilustraciones de enciclopedia; son ridículos y mezquinos, un insulto a sus pretensiones: un administrativo medio dormido hablando con un informático, un ciclista sudoroso con cara de emparrado. No obstante son todo lo que tenemos.
Son esos momentos los que cambian nuestra vida? En realidad no, ni de coña. Nuestra vida necesita cambiar, y lo pide a gritos, a través de un informático trasnochado, a través de los saltos del sillín de una bicicleta y las gotas de sudor que corren por nuestra cara. Nosotros sólo debemos escuchar.
Ayer una conversación con una compañera de trabajo me desencantó, y me dejó con un olvidado vértigo. Recuperaré el equilibrio, o habré olvidado todo en unos meses? Es lo malo de los momentos históricos: no sabes que lo son hasta años después.

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pedro

Sobre las tres de la tarde, al salir del trabajo, he sabido de la muerte de un militante socialista de Mondragón dos días antes de las elecciones. De camino a casa oía a Rajoy diciendo que "la única opción es la derrota de eta con los instrumentos del estado de derecho".